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Invasión Luso-Brasileña

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Invasión Luso-Brasileña

La Batalla de Santa María por Otto Koch significó la última victoria oriental frente a las tropas luso-brasileñas
Fecha 18161820
Lugar Banda Oriental, Mesopotamia argentina, Misiones Orientales (Actuales territorios de Uruguay, Argentina y Brasil)
Resultado Victoria del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve
Casus belli Expansión imperial del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve encabezado por Juan VI. Promovido por el enfrentamiento del Directorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata y los sectores no artiguistas de Montevideo, contra José Gervasio Artigas y la Revolución Oriental.
Beligerantes
Banda Oriental artiguistas
Provincia de Misiones artiguistas
Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve
Comandantes
José Gervasio Artigas
Andrés Guazurary
Fructuoso Rivera
Fernando Otorgués
Pedro Campbell
Carlos Federico Lecor
Joaquín Javier Curado
José de Abreu Mena Barreto

Marques de Alegrete (5°)
Senna Pereyra

Fuerzas en combate
Ejército Provincial Artiguista[1]


Ejército Provincial Misionero

Ejército del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve
Batallas de la Invasión luso-brasileña (22 de septiembre de 1816 a 22 de enero de 1820)
Batalla de Santa Ana - Batalla de San Borja - Batalla de Ibirocahy - Batalla de Carumbé - Batalla de India Muerta (1816) - Batalla de Sauce (1816) - Batalla de Pablo Pérez - Batalla de Arapey - Batalla del Catalán - Batalla de Apóstoles - Batalla de San Carlos - Batalla de Chapicuy - Batalla de Queguay Chico - Batalla de Arroyo Grande (1818) - Batalla de Santa María - Batalla de Tacuarembó

La Invasión Luso-Brasileña, también conocida como Invasión Portuguesa de 1816, Guerra contra Artigas (en Brasil) o, como suele también denominarse, Segunda Invasión Portuguesa de 1816,[2] es el nombre que los contemporáneos de los hechos e historiadores han dado al conflicto armado que se produjo entre 1816 y 1820 en la totalidad del territorio actual de la República Oriental del Uruguay, la Mesopotamia argentina y el sur del Brasil, y que tuvo como resultado la anexión de la Banda Oriental al Reino del Brasil, con el nombre de Provincia Cisplatina.

Los beligerantes fueron, de un lado, los orientales artiguistas (valga la aclaración de “artiguistas” porque no todos lo eran), liderados entonces por el caudillo José Gervasio Artigas y algunos caudillos de otras provincias que componían la Liga Federal y que optaron por seguirlo, como Andrés Guazurary; del otro lado combatieron las tropas imperialistas del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve, dirigidas por Carlos Federico Lecor.

En el frente naval, el conflicto excedió ampliamente la región del Río de la Plata y el litoral argentino para extenderse globalmente, ya que los corsarios artiguistas acosaron a los buques portugueses y españoles en Europa, África y el Caribe.

Contenido

[editar] Causas de la guerra

Planisferio Cantino de 1502, en el que se encuentra marcada la Línea de Tordesillas. La región del Río de la Plata fue zona de frontera entre España y Portugal y como tal, zona de alta conflictividad y teatro de cruentas luchas a lo largo de los siglos.

Las causas que llevaron al rey de Portugal Juan VI de Braganza, instalado desde 1808 en Río de Janeiro, a lanzarse a la conquista de la Banda Oriental pueden dividirse en generales y circunstanciales.

Entre las primeras se encuentra, en lugar principal, la antigua aspiración portuguesa de llevar las fronteras del Brasil hasta la costa del Río de la Plata, sosteniendo que el mismo coincidía con la Línea de Tordesillas mediante la cual España y Portugal se habían dividido el mundo en 1494. Por esa razón, la región del Río de la Plata fue área de frontera entre España y Portugal y como tal, zona de alta conflictividad y teatro de cruentas luchas a lo largo de los siglos, incluso luego de que las colonias americanas se independizaran de las potencias europeas. El historiador argentino Liborio Justo, quien calificó de "atávico" a este conflicto, cita las siguientes palabras de Ramón J. Cárcano:

Las luchas y rivalidades de Portugal y España se concentraban en América en la región del Plata. Persisten en todas las etapas del tiempo secular: el descubrimiento, la conquista, la colonia, el reino, el imperio, la república, la dictadura... ¡Notable caso de la historia humana! ¡Contienda de tres siglos!

El Río de la Plata resultaba estratégico debido a que es el punto de salida de una extensa cuenca fluvial, la quinta del mundo, que se interna hasta el corazón de América del Sur, desde cerca de las zonas mineras del Potosí en la actual Bolivia, pasando por el Paraguay, el Mato Grosso y llegando hasta São Paulo. Adicionalmente, la Banda Oriental, en el siglo XVIII y comienzos del XIX, era una zona de importante riqueza agropecuaria, en la que, organizada sobre las antiguas vaquerías,[4] se producía el tasajo, alimento básico de los esclavos de origen africano que constituían la base de la economía brasileña.[5]

Siguiendo esa línea histórica conflictiva, en 1536 Buenos Aires fue fundada con el fin de impedir que los portugueses remontasen el Río de la Plata.[6] Formada la Unión Ibérica entre 1580 y 1640, se relajaron las precauciones españolas para cuidar las mal definidas fronteras entre ambos reinos, circunstancia que aprovechó Portugal para extender el territorio del Brasil, hacia el oeste y hacia el sur.[7]

En 1680 el Reino de Portugal fundó la Colonia del Sacramento, primer asentamiento en el actual territorio uruguayo, exactamente frente a Buenos Aires, en la otra margen del Río de la Plata. Desde ese momento se suceden varios enfrentamientos y acuerdos precarios entre portugueses y españoles en la Banda Oriental y la zona de Las Misiones, conocidas como las guerras del Río de la Plata.[8]

Portugal aprovechó también las agitadas circunstancias políticas producidas a partir de la invasión napoleónica a España en 1808, presentando a la princesa Carlota Joaquina, esposa de Juan VI y hermana del rey Fernando VII, cautivo de Napoleón, como la mejor alternativa para preservar los intereses de la corona española. Empero, la lucha común contra Napoleón Bonaparte –quien invadió España con el objetivo de atacar a Portugal, ya que su gobierno no acataba el bloqueo continental impuesto por éste a Gran Bretaña– llevó a Portugal a evitar un desacuerdo con España y la ocupación fue postergada.

Antecedentes directos de la empresa conquistadora de 1816 fueron la ocupación de las Misiones Orientales en 1801 por tropas portuguesas, comandadas por el guerrillero portugués Borges do Canto y los intentos de generar un protectorado durante la crisis de 1808. Dicha crisis se originó cuando el gobernador de Montevideo, Francisco Javier de Elío, entró en conflicto con el virrey del Río de la Plata, Santiago de Liniers, que llegó a la ruptura política con la constitución de la Junta de Montevideo el 21 de septiembre de ese año. La monarquía portuguesa aprovechó la situación enviando al militar y diplomático Joaquín Javier Curado –lo que se conoce como “Misión Curado”– a ofrecer, en términos conminatorios, la aceptación del protectorado en la Banda Oriental con el argumento de preservarla de un virrey al que consideraba “afrancesado”.[7] Elío, en un principio, rechazó dicha oferta, pero el devenir de los hechos políticos a partir de la Revolución de Mayo de 1810 en Buenos Aires permitió a los portugueses, en dos ocasiones, intentar la toma armada del territorio oriental. Esas ocasiones fueron las de 1811 y las de 1816.

La invasión de 1811, fue producto de una solicitud del entonces devenido en virrey del Río de la Plata, Francisco Javier de Elío, en apoyo de las autoridades españolas contra los revolucionarios artiguistas. Dicha invasión se realizó en el contexto, como ya se ha mencionado, de la Revolución de Mayo, donde por influencia de la misma Elío fijó la capital del Virreinato del Río de la Plata en Montevideo, convirtiéndose de esa forma en virrey. La revolución se había logrado infiltrar en la Banda Oriental tras el Grito de Asencio. José Artigas y José Rondeau comandaban las tropas rebeldes que, tras la batalla de Las Piedras, pusieron sitio a Montevideo el 21 de mayo de 1811. Elío, a pesar de estar sitiado y en considerables dificultades, logró bloquear con una flota naval realista el puerto de Buenos Aires y llamó en su auxilio a los portugueses. Un mes después, en julio, se despachó desde Río de Janeiro hacia el Sur un ejército de 4.000 hombres al mando del general Diego de Souza. Derrotado en Paraguay y Alto Perú –actual Bolivia– y con el comercio impedido por el sitio naval de Elío, el gobierno bonaerense buscó a partir de agosto un acuerdo con Montevideo y el territorio oriental a cambio de retirar el bloqueo portuario y la retirada de los portugueses. Los orientales rechazaron el acuerdo, que los abandonaba en poder del enemigo, y siguieron a Artigas en el episodio conocido como el Éxodo del Pueblo Oriental. Las tropas portuguesas no habían abandonado el territorio oriental sino hasta agosto de 1812 cuando, con el apoyo del gobierno británico, Buenos Aires aseguró el cumplimiento del Armisticio de 1811 a través del Acuerdo Redemaker-Herrera de 1812.[7]

La coyuntura de 1816, contra la revolución agraria artiguista en pleno desarrollo –que supuso la derrota militar del caudillo José Gervasio Artigas–, la situación de guerra entre el movimiento federal y Buenos Aires (que prácticamente aseguraba la neutralidad, por lo menos, del gobierno central de las Provincias Unidas ante la ocupación del territorio oriental) y la realidad europea, signada por la Restauración y el legitimismo que negaba a las colonias su derecho a independizarse de las monarquías titulares (lo que garantizaba a Portugal contra la eventual reacción hostil de España), resultó ideal para la realización del antiguo objetivo. Esas fueron las principales circunstancias.

La alicaída familia real portuguesa que en 1808 había emigrado a Río de Janeiro huyendo de la invasión napoleónica no tenía nada que ver con la orgullosa Corte que en 1816 preocupaba a Inglaterra por sus aspiraciones expansivas. Mucha agua había corrido bajo los puentes y otros vientos soplaban tanto en Europa como en América. Las infinitas posibilidades del inmenso y rico territorio del Brasil, el desarrollo económico producido por la apertura de los puertos brasileños al comercio internacional –decisión de 1808- y la lejanía respecto de los conflictos europeos provocaron en la dirección política portuguesa una idea audaz. Convertir al Brasil en el centro de decisión del reino y sede permanente de sus autoridades. La presencia del gobierno portugués en América cambió sustancialmente la visión geopolítica de sus dirigentes. Dicha idea fue seriamente considerada por el rey particularmente después del fallecimiento de su madre, la reina María, ocurrido en marzo de 1816, quien estaba mentalmente inhibida desde mucho tiempo atrás. El príncipe regente don Juan ascendió por fin al trono con nombre de Juan VI.[7] El flamante monarca dio a su política un sesgo definidamente americano. Brasil parecía asegurar a los Braganza un destino mundial de primer orden, cosa que el pequeño Portugal ya no volvería a ofrecer.

Juan VI de Portugal, el rey del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve, trató de cerciorarse al máximo de que su campaña de conquista a la Banda Oriental, no sufriera ningún problema.

Un decreto casi de inmediato transformó al Reino de Portugal en Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve; el Brasil dejaba de ser una colonia y pasaba a formar parte esencial del Estado. A partir de ese momento la política expansiva se acentuó y la idea de un Imperio del Brasil fue alentada y respaldada. Semejante política no coincidía con los planes de Inglaterra, y a ella se opuso el ministro británico Lord Strangford, que tenía anteriormente una gran influencia sobre el gobierno. El diferendo culminó cuando el propio rey pidió a Londres, en abril de 1815, la sustitución del diplomático, lo que obtuvo casi de inmediato. Estas circunstancias no alteraron la vieja dependencia de Portugal, y luego del Brasil Imperial, respecto a la política económica del Imperio Británico. Pero la relativa emancipación de Juan VI respecto a la potencia británica que hasta ese momento había controlado cercanamente la política portuguesa le permitió ejecutar su viejo proyecto de invadir y anexar la Provincia Oriental. Particular interés en el proyecto, tenían los hacendados de Río Grande del Sur, que, por una parte, aspiraban al control del puerto ultramarino de Montevideo como forma de canalizar su actividad comercial (las fuertes tendencias autonómicas e incluso separatistas de la región tenían el máximo interés en contar con una salida propia que los vinculase al comercio internacional), y por la otra, se sentían preocupados por la aplicación del reglamento rural artiguista, aprobado en septiembre de 1815, por el que se establecía la facultad de confiscación de las tierras de los enemigos de la revolución con su irrespeto al derecho de propiedad y el fenómeno del pueblerío rural repartiéndose las tierras, bajo la consigna de que “Los más infelices serán los más privilegiados”.[7] Además, bajo el caos imperante en las Provincias Unidas, que se declararon independientes tras el Congreso de Tucumán, y el “radicalismo” de Artigas, se consideraba a la Provincia Oriental como un peligroso centro de propagación de la “anarquía” a impulsos de la “montonera” federalista y republicana. .[7] No es de extrañar entonces que el Marques de Alegrete, jefe militar riograndense, haya realizado máximos esfuerzos en pro de la empresa de conquista, y que los que serían más tarde destacados caudillos del separatismo riograndense, Bento Gonçalves da Silva y Bentos Manuel Ribeiro, hayan jugado en ésta un papel de primer orden (que, los vincularía, en circunstancias posteriores, a los caudillos Lavalleja y Rivera).

También, los emigrados españoles y americanos que habían procurado refugio en Brasil persuadieron al rey portugués Juan VI, para que inicie una campaña militar sobre la Banda Oriental con el fin de conquistarla. Gaspar de Vigodet, último gobernador colonialista de Montevideo, y el fraile español Cirilo Alameda promovieron la aventura con la esperanza de que, una vez obtenida la victoria, Portugal regresaría esos territorios al dominio español. Los porteños unitarios exiliados por el Motín de Fontezuelas, encabezados por Carlos de Alvear, esperaban una derrota de Artigas, líder del federalismo suministrando a la Corte Portuguesa toda clase de informaciones, con lo que apoyaron sus planes de conquista. [9] Y los orientales anti-artiguistas (Mateo Magariños, José Batlle y Carreó) hicieron también un importante esfuerzo al respecto. Particular importancia tuvo Nicolás Herrera, que reunía en su persona el doble carácter de oriental enfrentado a Artigas y de ex secretario del gobierno de Alvear desplazado en 1815. Herrera llegó a Río de Janeiro exiliado, en desgracia y en bancarrota, pero su innegable encanto personal y su talento le permitieron persuadir a Antonio de Araujo y Acevedo, conde da Barca, uno de los principales consejeros de Juan VI. Pronto los responsables de la política portuguesa apreciaron los conocimientos del abogado oriental, respecto a la geografía y la realidad política de la provincia a anexar.

También Herrera suministro datos militares de suma importancia, entregando al representante español en Rió de Janeiro un informe, sobre las fuerzas militares que disponía la Banda Oriental y la Provincia de Entre Ríos, como también el estado de dichas tropas:

  • 1ª División al Mando de Fernando Otorgués compuesta del Regimiento de Dragones de la Libertad – 600 hombres
  • 2ª División al mando de Fructuoso Rivera – 500 hombres
  • 3ª División al mando de José Artigas compuesta del Regimiento de Blandengues – 1000 hombres
  • Otro batallón al mando de Blás Basualdo – 400 hombres

Todas estas tropas son de Caballería, están mal vestidas pero en el día bien armadas. Estas dos provincias son las más entusiastas por la guerra, y todos sus habitantes a excepción de una pequeña parte se unirán inmediatamente a las tropas de Artigas, y engrosaran su número en caso de invasión. Estas tropas son valientes y de una constancia admirable; no tienen disciplina de ninguna especie, ni conocen otra formación que la de ponerse en ala.

Hacen la Guerra por el estilo de los cosacos, devastando todo el terreno que deben ocupar sus enemigos y cargándolos al descuido; pero nunca presentando batalla a no ser el caso de contemplarse en una marcada superioridad numérica”[9]

Por ello lo designaron ayudante del general Lecor, encargado de dirigir la invasión.

[editar] La complicidad del directorio unitario

El principal inconveniente de la campaña de conquista residía en la posibilidad de que las Provincias Unidas del Río de la Plata reaccionarían en defensa de un territorio qué formaba parte de ese país desde sus orígenes. Desde luego, a Portugal no le convenía en absoluto que la anexión de la Provincia Oriental tuviera como consecuencia una guerra de difícil resolución, con la totalidad de las provincias del Plata. Según los historiadores uruguayos Washington Reyes Abadie, Oscar H. Bruschera y Tabaré Melogno,[10] y del argentino Raúl Scalabrini Ortiz,[11] esa seguridad se la dio, en primer lugar, Manuel José García, enviado de las Provincias Unidas ante Inglaterra y la corte real portuguesa establecida en Río de Janeiro, con el fin de evitar que apoyaran al Imperio Español, en momentos en que ésta intentaba recuperar las colonias independizadas. La correspondencia de Manuel José García refleja claramente su conocido pensamiento contrario a que la Banda Oriental integrara las Provincias Unidas del Río de la Plata, así como de su pragmática aceptación de las más diversas alternativas para alcanzar ese objetivo:

Es un error imaginar protecto alguno de solida prioridad, mientras sus bases no se asienten sobre las ruinas de la anarquia que actualmente nos devora. Estoy persuadido, la experiencia parece haberlo demostrado, que necesitamos la fuerza de un poder extraño, no solo para terminar con nuestre conidenda, sino para formarnos un centro comun de autoridad, capaz de organizar el caos en la que estan convertidas nuestras provincias [...] El poder que se ha levantado en la Banda Oriental del Paraná fue mirado desde los primermos momentos de su aparicion como un tremendo contagio [...] En tal situacion es preciso renunciar a la esperanza de cegar por nuestras manos la fuente de tnatos males. Pero como ellos son igualemetne terribles a los Gobiernos vecinos, de aqui poviene que alarmado este Ministerio de los progresos que sobre el Gobierno de las Provincias Unidas va haciendo el caudillo de los anarquistas, ho ha podido menos que prepresentar a S.M.F. (Su Majestad Fidelísima [Rey del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve]) , la urgencia de remediar en tiempo tantas desgracias, y S.M. parece haberse iniciado a empeñar su poder en extinguir hasta la memoria de esta calamidad, haciendo el bien que debe a sus vasallos y un beneficio a sus buenos vecinos que cree le será agradecido”.[12]

En otro oficio García explicitaba áun más el papel que le asignaba de las fuerzas portuguesas en el Río de la Plata:

Desde que llegué a esta Corte procuré ponerme en la misma dirección de los sucesos públicos y de los intereses políticos de aquellos con quienes debía tratar, pues no teniendo fuerza alguna para detener aquellos y alterar estos, habría sido deshecho en el caso de aventurar un choque. Así, pues, mi empeño fue combinar los intereses peculiares a esas Provincias, con los de las extranjeras, y neutralizar ya que no era posible destruir, los principios de la oposición. Los resultados hasta aquí son los siguientes:
  • Suavizar las impresiones que un sistema exagerado de libertad popular había echo sobre el corazón de soberanos constituidos y apoyados además por la opinión del mundo civilizado.
  • Conservar la buena armonía y las relaciones mercantiles, que siendo fruto de transiciones celebradas en circunstancias totalmente diversas de las actuales, debían naturalmente alterarse con ellas.
  • Desviar del gobierno de Buenos Aires el golpe que los procedimientos anárquicos del caudillo de la Banda Oriental estaba preparado
  • Contribuir de este modo para que las operaciones militares sobre esta Provincia se modifiquen de manera que sean útiles a las demás, tanto por la aniquilación del poder anárquico de Artigas como por la preparación de un orden de las cosas mejor que el que jamás pudo tener la anarquía, ni esperarse de una subyugación enteramente militar
  • Poner así a estos pueblos en aptitud de aprovecharse de las ventajas de una variedad de intereses en las Potencias interesasdas en la cesación de sus oscilaciones para hacer con alguna mas dignidad, seguridad y provecho la mudanza, a la cual en otro caso serian fosados irresistiblemente sin condición alguna.[12]

Según el escritor uruguayo Lincoln Maiztegui Casas,[13] "García con su ideal unitario e intervencionista empleó toda su influencia para persuadir al rey portugués de que el gobierno de Buenos Aires no tomaría acciones militares para conservar el territorio oriental". Con respecto al papel de Juan Martín de Pueyrredón, quien asumiera en 1816 como director supremo de las Provincias Unidas en reemplazo de Alvear, Maiztegui Casas asevera que, aunque se diferenciaba del unitarismo radical de quienes habían comisionado a García, pensaba que el unitarismo por sí sólo, no tenía la fuerza suficiente para someter al movimiento federal, que se extendía rápidamente sobre las provincias; Pueyrredón, como los anteriores gobernantes porteños, veía con buenos ojos una derrota del artiguismo, al que continuaba considerando una expresión de la barbarie y del federalismo.

La actitud de Pueyrredón fue ambigua frente a la invasión portuguesa, respondiendo por un lado al hecho positivo que la misma implicaba en la lucha de Buenos Aires contra el federalismo y el artiguismo en particular, pero por otro lado también a una opinión pública porteña que se oponía masivamente a la segregación de la Banda Oriental y a los intereses británicos que pretendían la conformación de un pequeño estado independiente.[11]

En definitiva, Pueyrredón como director supremo, colaboró con la invasión, no solo porque no declaró la guerra al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve ante la ocupación de una parte del país que gobernaba, sino porque atacó de manera constante a las provincias de la Liga Federal, que se vieron inhibidas de colaborar con la defensa del territorio oriental organizada por Artigas.[13] Pero ello también sucedió después de hechos que no se pueden omitir, entre ellos, la intransigencia del Protector, Artigas que se negó sistemática y firmemente a reconocer la autoridad del Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, lo que llevó a éste a la convicción de que el caudillo oriental era intratable.[13]

Pueyrredón, expresaba una línea política que mantenía diferencias con el Partido Unitario predominante en Buenos Aires desde 1812, y se tomó con bastante preocupación la invasión portuguesa a la Banda Oriental, sin que haya razones objetivas para asegurar que esa actitud fue aparente.

En primer lugar, envió a Nicolás de Vedia a entrevistarse con Lecor, llevando un oficio de asegurar que la invasíon no continuase hacia Entre Ríos, pero que tenía instrucciones de “guardar respecto de Buenos Aires una estricta neutralidad”.[14] El comisionado porteño regresó con una carta de seguridad de que la aventura portuguesa no pasaría de la Provincia Oriental, obtenida en sus conversaciones con Nicolás Herrera. Luego Pueyrredón envió algunas armas y suministros de guerra a Artigas (de escaso volumen, pero como testimonio de buena voluntad; 300 monturas y 100 quintales de pólvora), emitió un empréstito de 200.000 pesos para gastos militares y constituyó una comisión de guerra encargada de organizar el posible conflicto.

El historiador argentino y unitario Bartolomé Mitre, justifica estas acciones llevadas a cabo por el Directorio Unitario, formulando el siguiente juicio:

Siendo un peligro para ambos vecinos de a actitud de Artigas, lo era aun mas para la Republica Argentina, pues mientras existiera ese foco disolvente de anarquía crónica, era imposible toda organización nacional y efímera toda combinación política o militar. En vista de ese problema de las armas habían sido imponentes para resolver en el curso de la revolución. Unos creyeron que las Provincias Argentinas no tenían fuerzas propias para triunfar de España y buscaron por la diplomacia el concurso directo de naciones extrañas Otros se persuadieron que ellas no tenían elementos de gobierno propio y buscaron la salvación en la monarquía, con el concurso de las grandes potencias europeas, sin excluir el de España, sobre la base de la independencia garantida. Algunos fueron más allá y considerando que la anarquía era el peor de todos los males y que el mal era incurable, se resignaban a ser colonia de Portugal antes de someterse al yugo español.[15]

[editar] Planificaciones de la guerra

[editar] Plan militar de las tropas luso-brasileñas

El ejercito luso-brasileño en total contaba entre 10.000 a 12.000 hombres,[13] perfectamente armados y disciplinados, veteranos de las guerras napoleónicas. Un efectivo servicio de espionaje, que permitió determinar con precisión los principales pasos de Artigas, y un cuidado estricto de todos los detalles, con 30 médicos en el servicio sanitario. Los primeros transportes llegaron a Río de Janeiro, a fines de marzo del año siguiente. El resto de la división lo hizo a fines de marzo de 1816. La división estaba a órdenes del general Carlos Federico Lecor. El 13 de mayo de 1816, cumpleaños del nuevo rey, Juan VI observaba con halago y asombro sus nuevas tropas de invasión.

(Embarquement des troupes a Prahia Grande pour I´Expedition contra Monte Video") (1816), de I. B. Debret muestra como el rey Juan VI, pasa revista, en su cumpleaños a sus tropas destinadas a la Invasión de la Banda Oriental

El plan de operaciones comportaba obrar ofensivamente, invadiendo la Banda Oriental y la zona de la Mesopotamia argentina:

Las tropas portuguesas del Río Grande entraran por Misiones, pasaran el Uruguay e irán a atacar a Corrientes, que es el principal puesto fortificado que Artigas tiene en el Paraná. Después viniendo por el río abajo, no tendrán dificultad en tomar Santa Fe, que es la llave del pasaje para el margen meridional del Río de la Plata; así quedara enteramente cortada la retirada de Artigas para el interior del país; aun cuando tuviese allí, lo que no tiene, amigos que lo acogieren y lo protegieren. Si fuera con sus tropas de Montevideo, a oponerse a estos planes de los portugueses, deja Montevideo, Colonia del Sacramento, Maldonado y toda la margen del Río de la Plata de aquella parte, sin fuerzas para resistir el desembarque de cinco mil hombres, que por mar allí llegaran de Río de Janeiro; y colocando entre dos ejércitos, cada uno de ellos superior al suyo. Artigas no tiene medio alguno de resistir.[16]

Las “Instrucciones de Su Majestad el rey don Juan VI” al general Lecor, suscritas por el Marqués de Aguilar, el 4 de junio de 1816 son particularmente ilustrativas para el conocimiento de los móviles y propósitos de la acción portuguesa en la Provincia Oriental y sobre los territorios platenses.[17] Con respecto al Jefe de los Orientales (Artigas), se prevenía a Lecor que aunque tenía “toda la fuerza suficiente para batir al déspota Artigas”, convenía “dar pruebas de humanidad”, siempre que no se perjudicase al “sosiego público”, por lo cual podría “tratar con Artigas, si él lo pretendiese”, bajo las siguientes condiciones: “Que se disolviera el cuerpo de que es jefe; - que vendría a residir a Río de Janeiro o a aquel lugar que Su Majestad permitiese; - que entregaría las armas que tuviese;” se le otorgara un sueldo, que no excediese al coronel de infantería portuguesa y se le permitiría vender sus propiedades y bienes. En cuanto a los oficiales y tropas de los cuerpos artiguistas, podría admitirlos en filas luso-brasileñas, según su criterio; y como cadetes, a todos “aquellos jóvenes pertenecientes a las familias de Montevideo”.[17]

Por último, se recomienda, muy especialmente, conservar “con el gobierno de Buenos Aires, la más estricta neutralidad”,[17] y en el caso de que se le pidiera alguna explicación sobre el objeto de sus marchas “haría entender que no ha de pasar a la otra margen del Río de la Plata, haciendo además, todas las explicaciones con reserva y delicadeza”.[17] Al día siguiente de expedidas estas Instrucciones – el 5 de junio de 1816- Juan VI designaba a Lecor “Gobernador y Capitán General de Montevideo”; y al comunicarle su designación, le decía:

“Tendiéndos encargado del mando de las tropas que mande marchar para el Sur y dirigirse a la plaza de Montevideo, debiendo aquella palaza y capitanía, luego que sea ocupada por mis tropas, ser gobernada en mi Real Nombre por persona por Mi autorizada, para ese efecto, fui servido por decreto de esta fecha, nombraros Gobernador y Capitán General de la sobredicha Plaza y Capitanía de Montevideo, que así formara una capitanía con gobierno separado…”.[18]

[editar] Las Divisiones Luso-Brasileñas

Reconstrucción del uniforme de un soldado del 2º Batallón de Cazadores de la 2º Brigada de Divisão de Voluntarios Reais do Principe, en 1816, esquicio de Jean Louis de Beaufort.

La preparación de la invasión lusitana había comenzado ya a mediados de 1815. Tal como lo había comunicado el Príncipe Regente de la Corte de Madrid –en oportunidad de anunciarse el envío de la expedición española de reconquista del Río de la Plata– fue trasladada al Brasil la división de Voluntarios Reales, que representaba el cuerpo elite de la invasión, y que era comandada por el propio Lecor. En la misma actuaba como asesor el inglés William Carr Beresford, -hecho mariscal por el Regente- ,y estaba compuesta de dos brigadas, al mando de los brigadieres Jorge de Avillez Zuzarte y Francisco Homen de Magalhães Pizarro, constituidas, cada una de ellas, de dos batallones de cazadores, a ocho compañías, tres escuadrones de caballería y parque de artillería; en total, 4.831 piezas. [14] Esta división de Voluntarios Reales contaba en total con 6.000 hombres. Lecor resolvió modificar el orden de las operaciones – pese a lo prescripto en las minuciosas instrucciones antedichas- por temor a “las pamperadas del tránsito” y, desde Santa Catarina, transado sus efectivos por tierra hasta Porto Alegre, donde concentró un nuevo plan con el Capitán General de Río Grande, marqués de Alegrete. Según el mismo, el propio Lecor, al frente de los Voluntarios Reales, marcharía por la ruta del litoral atlántico, en dirección a Maldonado y Montevideo. La división de Voluntarios Reales que también era denominada Columna Sur o División Lecor debía de ser protegida y flanqueada por la escuadra naval al mando del Conde de Viana.[9]

Carlos Federico Lecor fue el principal gestor de la Invasión Luso-Brasileña y estuvo bajo el mando del cuerpo elite del ejército luso-brasileño denominado “Divisão de Voluntarios Reais do Principe

Después la División del general Bernardo Silveira invadiría por Cerro Largo teniendo por objetivo Paysandú y la misión de proteger el flanco derecho de Lecor”[9] siendo su efectivo de 2.000 hombres con parte de los Voluntarios Reales y 800 milicianos de caballería riograndense.[14]

El teniente coronel Abreu, con 650 hombres acudiría en refuerzo del coronel Chagas, en las Misiones Orientales, teniendo como objetivo avanzar sobre las Misiones Orientales y la Provincia de Misiones.[14]

Mientras tanto el mayor Jardim Menna Barreto aseguraría las comunicaciones entre estos dos jefes y vigilaría las tribus charrúas y minuanes, en las cuchillas de Santa Ana y Haedo.[14]

Por último, una gran reserva , al mando del teniente general Joaquín Javier Curado, permanecería en el Ibirapuiá Chico, en condiciones de acudir en apoyo de cualquiera de los otros contingentes. Estaba integrada por 2.000 hombres y 11 piezas de artillería.[14]

[editar] Plan de Artigas

Artigas tuvo conocimiento en la primera quincena de enero de 1816, de los propósitos lusitanos. El caudillo intuía esto, por varias cartas que él había interceptado y al ver una importante carta fechada en Río de Janeiro no dudó en hacérselo saber al caudillo misionero Andrés Guazurary. El mismo día – 11 de enero – en el que prevenía a Barreiro, dirigió un oficio a Andrés Guazurary, haciéndole saber los preparativos portugueses e impartiéndole instrucciones:

“Los portugueses se mueven contra nosotros según las noticias privadas que tengo y esa ultima carta que se ha recibido de Río de Janeiro.[19] En consecuencia es preciso irnos preparando poco a poco y ponernos en términos de contener los esfuerzos de esta potencia, a quien como tan vecina debemos suponerla más enemiga por la experiencia que tenemos de sus procedimientos inicuos, y mayoritariamente cuando se que su plan es decidido a ocupar todo lo que divide la costa oriental del Paraná. Por lo mismo desde esta fecha prohíbame usted todo transito del otro lado a este y de este a aquel, impidiendo absolutamente el transito a todo portugués que venga o vaya a diligencias.”[12]

También el oficio dejaba indicaciones de que se retirara de Candelaria, dejando allí una partida de observación al Paraguay, para situarse en Santo Tomé, “esperando allí mis providencias y observando los movimientos del Paraguay y Portugal”.[14] Desde allí cubriría La Cruz, Yapeyú y otros pueblos en peligro de ser invadidos. “Así será mas fácil el sostén de las tropas y el cuidado especial que deberían tener los oficiales para que no perjudiquen al vecindario”.[14] Dos días después circulaban la misma noticia a todas las autoridades –Cabildantes y Alcaldes ordinarios- de la Provincia:

“Incluyo a V.S. las noticias que acaban de llegar de Janeyro, ello si no es cierto, a lo menos hay motivos para creerlo, y por lo mismo, es menester estamos prevenidos, que hemos de defender nuestro suelo hasta dar la ultima gota de sangre”. [20]

Rápidamente, el caudillo oriental adoptó una serie de previsiones, cuyo ritmo se fue intensificando en los meses posteriores. Se organizaron cuerpos de caballería; se distribuyeron guardias en los pasos estratégicos; se dispuso la concentración de caballadas y la requisa de armas y municiones; la elaboración de pólvora en los pueblos misioneros; el envío de toda clase de armas y pertrechos a Purificación del Hervidero, que sería “el centro de apoyo y recursos”.[21] la interrogación de sospechosos y el fusilamiento de los que conspiren contra la Patria.

La correspondencia de Artigas con el Cabildo y con Miguel Barreiro informaba detalladamente sobre las disposiciones del caudillo en esos momentos, en que ordenaba “no interrumpir con los asuntos de derecho, en lo grave de mis atenciones”, ya que “la guerra debe ocupar por ahora todo nuestro empeño…”.[14] Y, como complemento indispensable para el soldado: “cinco resmas papel, cien rollos de tabaco negro…”.[22]

El Batallón de la Unión fue uno de los más distinguidos cuerpos militares del Ejército Artiguista.

En cuanto a los enemigos, ordenaba que "el que conspire contra la patria sea fusilado inmediatamente… y el que se advierta como sospechoso, y capaz de perjudicarnos, remítamelo V.S. asegurado, que lo pondré seguro de toda tentativa".[14] Y, respecto de los portuguesesque se hallen como transeúntes en ese destino” recomienda aprovechar sus intereses “para aumentar los fondos del Estado, y con ellos sostener la guerra”.[14]
Cuando tuvo la certidumbre de la invasión, concibió un audaz plan estratégico en materia militar, consistente en “forzar el río Uruguay por arriba del río Ibicuy y entrar a sus poblaciones”,[14] llevando la guerra al territorio brasileño, con el fin de cortar las comunicaciones y aislarlos de sus reservas y fuertes de aprovisionamiento y recursos. El prócer explicitó esto en uno de sus oficios de 1816 con Andresito y Miguel Barreiro. [14] Se manifestaba hacia Andrés Guazurary con el fin de que:

Si ellos se preparan a hacer otra tentativa por algún lado, es preciso robarles la vuelta y entrárseles por otra…[14]

Y a Barreiro le comunicaba que era preciso “abrir la campaña contra ellos y dar primero para descompaginar todas sus ideas” y le anunciaba “un movimiento pronto y general en toda la línea”; los golpes “mas rápidos y fuertes deberían experimentarse en Misiones”, lo cual crearía dificultades a los portugueses para obrar sobre Montevideo.[22]El movimiento general se ha de hacer con la brevedad y sorpresa posibles, a cuyo fin impartiré las ordenes y cautelas convenientes”, por lo cual encarecía la necesidad de que se le comunicara cualquier noticia para poder “dirigir los movimientos con la rapidez que demanden las circunstancias”.[22]

Mientras que Fernando Otorgués le ordenaba que cubriera la ruta de invasión del río Yaguarón, reforzando su regimiento con las milicias de Cerro Largo.

Entre estas medidas Artigas dispuso la creación de los Cuerpos “Cívicos” y de “Libertos”. El Cuerpo de Cívicos se componía de seis compañías, una de ellas de granaderos y otra de cazadores. Esta unidad estaba a órdenes directas del Cabildo de Montevideo, siendo su jefe el sargento mayor Manuel Campos Silva, figurando entre los Oficiales más distinguidos de la sociedad.
El efectivo total de la unidad, incluyendo la plana mayor era de 31 oficiales, 25 sargentos, 33 cabos, 3 tamborileros y 380 soldados.
El Cuerpo de Libertos se componía de esclavos entregados por cada dueño proporcionalmente a sus disponibilidades. Su comandante era Rufino Bauzá, quien también fue el encargado de organizarlo en agosto de 1816.[9]

[editar] Organización militar de las tropas artiguistas

Regimiento de Dragones de la Libertad, acuarela de Alfredo Sasón. El Regimiento de Dragones de la Libertad o de “Libertos” como también se lo conocía, fue creado por el prestigioso comandante artiguista Fernando Otorgués a raíz de la Invasión Luso-Brasileña

Artigas, también fraccionó el territorio de la Banda Oriental, en cinco zonas militares, cada una bajo el mando de un general:
La primera, ocupaba un territorio que iba desde Montevideo hasta el río Santa Lucía, contando dicha zona con 1661 plazas (pueblos, ciudades y villas). Estaba controlada por el comandante Manuel Francisco Artigas, a quien su hermano le ofició al respecto. Le recomendó especialmente que la construcción de la Caballería Cívica se hiciera por partidos y escuadrones, a fin de asegurar su necesaria cohesión.
La segunda zona militar iba desde el río Santa Lucía hasta el río Yi y el Río Negro, siendo su comandante Tomás García de Zúñiga.
La tercera o la del Este, tenía por principal departamento Maldonado y su comandante era Ángel Núñez.
La cuarta comprendía a Colonia, cuyo comandante era Pedro Fuentes. La quinta comprendía a Soriano y su comandante era Miguel Gadea.[9]

El caudillo oriental en sí, para la resistencia, contaba con unos 6.000 u 8.000 hombres en armas, en su mayoría milicias, buenos guerrilleros pero sin disciplina militar y precariamente armados.[14]

En conclusión; dentro de un marco político defensivo, montó un plan estratégico ofensivo, tratando de llevar la guerra al territorio enemigo, planeando un contragolpe, para golpearlo en su punto más débil y más sensible: sus líneas de comunicaciones. Para lograr las fuerzas necesarias para el cumplimiento de su maniobra, combinó la acción ofensiva en el norte con una defensiva elástica en el sur de la Banda Oriental.[9]

[editar] Planificaciones militares en el Sur de la Banda Oriental

Artigas anunciaba las medidas tomadas para la concentración de tropas en el norte, pero no descuidaba el sur, donde se reiterarán órdenes: “que salga don Frutos con cien hombres” a cubrir Maldonado y “ reforzar el punto de Santa Teresa”; que se le remitan, con urgencia “cien quintales más de pólvora, balas de fusil… piedras de chispa”.[22] Debiendo así, el comandante Fructuoso Rivera marchar a Maldonado con su segunda División de Infantería Oriental para operar en forma conjunta con Otorgués, para desde allí, ponerse en actividad, hacia Santa Teresa, o hacia la Capital “si continuaban los buques hacia ese destino” (es decir si desembarcaban en Río Grande y avanzaban por tierra);[22] Manuel Artigas debía entrar “con dos escuadrones a Montevideo y armar con la gente de esta… otro escuadrón de caballería”,[22] mientras que “el tren volante debe situarse en Canelones”,[22] donde se formaría, también, dos campañas cívicas, para su custodia. Y terminaba con una nota optimista: “Cuento sobre ocho mil hombres prontos a abrir campaña. Si logramos que sean favorables los primeros resultados, creo que Portugal se mirara muy bien antes de insistir en la empresa.” [20]

Artigas en la Ciudadela (1884), cuadro de Juan Manuel Blanes

Rivera, situado en el departamento de Maldonado, debería vigilar la ruta de angustura, mientras que Fernando Otorgués, que estaba situado en las inmediaciones de Melo, cubriría la línea de invasión de la Cuchilla Grande.

[editar] Planificaciones militares en el Centro de la Banda Oriental

El Agrupamiento Central, fraccionado en dos destacamentos, avanzaría en dirección a San Diego, cuartel general de los portugueses.
El destacamento de vanguardia, a órdenes de Latorre, con 3.400 hombres, tenía por misión batir al Marqués de Alegrete.

Artigas luego mandaría un destacamento, al mando de él mismo, en reserva para apoyar y dirigir el movimiento invasor de Latorre.

[editar] Planificaciones militares en el Norte de la Banda Oriental

Artigas tenía planificada la campaña que formaría en el Norte, para detener el avance luso-brasileño, calculando con precisión todos los movimientos que debía realizar. El capitán Miño, que se encontraba en Candelaria, en observación de los paraguayos, recibió orden de trasladarse a Apóstoles; debía atravesar el río Uruguay frente a Concepción, o por donde dispusiera Andresito, y operar en las Misiones Orientales, apoyando sus movimientos en los de este último, que invadiría con 2.000 hombres de toda arma, atravesando el río Uruguay por Santo Tomé, para sorprender y atacar San Borja, libertar a los pueblos de las Misiones y continuar hasta la boca del Monte Grande; en caso de no poder pasar por Santo Tomé, debía hacerlo más abajo, eventualmente por Yapeyú y buscar contacto con Berdún.

El General Andrés Guazurary fue el líder máximo de la resistencia misionera en contra de las invasiones luso-brasileñas a la Provincia de Misiones.

Sotelo y el teniente Riqueme, con la división que formaría en Yapeyú, cruzarían por allí el Uruguay y obrarían de este lado de Santa María. Berdún, avanzando con las divisiones de Entre Ríos, desde Concepción del Uruguay, hacia el norte, por la costa occidental del río Uruguay por Belén, trasponer el río Cuareim y atacar hacia Ñanduí, franqueando todos los rincones que hay entre el río Cuareim y el río Ibicuy.[20]

Artigas pasaría al río Cuareim, debiendo auxiliarse recíprocamente con la columna Sotelo-Riquelme (Yapeyú), para unirse sobre el paso Santa María donde está el campamento de ellos” (los brasileños) y reunirse con Otorgués en Santa Tecla. En el esfuerzo bélico que exigió el enfrentamiento de la invasión lusitana, todos los pueblos de las provincias de la Liga Federal del territorio incluido el río Uruguay y río Paraná, ofrendaron un oneroso sacrificio de sangre. En la proclama, que el 9 de julio de 1816, dirigiera el gobernador Juan Bautista Méndez a sus paisanos correntinos, afirmaba que haría una “injusticia irremisible a vuestro patriotismo, si dudara un momento de nuestra energía y prontitud en sostener los sagrados derechos que hemos jurado sostener en pie de los altares", y que, en consecuencia, debía mirarse “a todo vecino estante y habitante de los territorios a mi comando, como soldado de la patria”.[23]

Méndez marchó al teatro de los sucesos, tomando posiciones en la línea general ideada por Artigas. En las fuerzas de Méndez marcharon, milicianos de toda la Provincia de Corrientes, sobre todo después que las victorias de Abreu obligaron a reforzar los efectivos. El sacrificio correntino hubo de renovarse, luego, cuando debieron afrontar la defensa de su suelo, amenazado por la invasión portuguesa que se desplegaba victoriosa en la Provincia de Misiones.[14]

[editar] Desarrollo de las acciones bélicas terrestres

[editar] 1816

La lucha comenzó el 28 de agosto, cuando la vanguardia del ejército de Carlos Federico Lecor, al mando del mariscal Pintos de Araujo Correa, ocupó la Fortaleza de Santa Teresa, advirtiendo, en una proclama, que “los generales portugueses tenían instrucciones de tratar a los orientales como a sus hijos”.[24]

[editar] Frente militar en el norte

Operaciones militares en el Norte de la Banda Oriental y Sur de las Misiones Orientales. 1º Batalla de Santa AnaBatalla de San BorjaBatalla de IbirocahyBatalla de Carumbé

Una vez informado Artigas de la invasión de Lecor, mandó poner en ejecución su plan. Cumpliéndolo Andresito reconquista las Misiones Orientales, yendo hacia la antigua reducción jesuítica de San Francisco de Borja con el objetivo de conquistarla. Mientras que el alférez Sotelo atraviesa la parte alta del río Uruguay, para brindarle apoyo a las tropas del general Andrés Guazurary (Andresito).

El avance de Andresito hacia San Borja se hizo imparable, 12 de septiembre Andresito traspuso el Uruguay por el paso de Itaqui, produciéndose la primera escaramuza contra las fuerzas portuguesas que intentaban impedir el cruce. Al día siguiente las fuerzas de Andresito lograron la victoria de San Juan Velho y, el 16 de septiembre, la de Rincón de la Cruz triunfos que hacían posible el avance a San Borja, cuartel general del brigadier Francisco das Chagas Santos, de ahora en más su eterno rival.[22]

Mientras, Curado que se encontraba en el río Pardo, marchaba hacia el Paso de Rosario, en el río Santa María, adelantando destacamentos de débil efectivo, con misiones de reconocimiento y cobertura.

Para oponerse al avance del comandante Berdún, que avanzó por el río Cuareim, Curado destacó al Brigadier Da Costa Revello, pero su búsqueda pronto resulta infructuosa. Al mismo tiempo, Curado desprendió una partida a órdenes del teniente coronel José de Abreu Mena Barreto para atacar a las tropas de Sotelo, tratando de impedir que las fuerzas de Sotelo y Andresito lograran unirse.

El propio Curado avanzó hasta las márgenes del Río Ibirapuitã Chico desde donde lanzó un destacamento al mando del comandante Alejandro Queiró hacia la cuchilla de Santa Ana, a orillas del río Cuareim, chocando el 22 de septiembre con la vanguardia del ejército de Artigas, a órdenes del comandante Gatel. Las tropas artiguistas, se alzan con la victoria después de que el comandante Queiró se batiera en retirada hacia el grueso de su división, en lo que sería llamado posteriormente como la Batalla de Santa Ana.[9]

Sotelo que atravesó el río Uruguay en Yapeyú, para poder desembarcar en las Misiones Orientales (Provincia donde se encontraba Andresito) fue atacado por sorpresa el 21 de septiembre por Abreu, que le tomó 1.500 reses y bastantes caballos, obligándolo a regresar nuevamente a la parte occidental del río Uruguay. Mientras que Sotelo estaba en primeras instancias incapaz de agruparse con las tropas de Andresito, el mismo Andresito implantó el mismo día, el 21 de septiembre, un sitio sobre la reducción de San Borja.

Sotelo una vez en Corrientes se reorganizó e intentó un nuevo pasaje más al norte del río Uruguay, frente a la barra del río Ibicuy, utilizando pequeñas embarcaciones. Atacado nuevamente en tales circunstancias por Abreu, se vio precisado a desistir de sus propósitos, progresando por la margen derecha del río Uruguay a fin de reforzar a Andresito que sitiaba San Borja, su pueblo natal. Luego de 13 días de sitio, el 3 de octubre Andresito ordenó el ataque a la ciudad, pero el Brigadier Chagas que recibió apoyos del Coronel Abreu, logró derrotar a Andresito en la Batalla de San Borja, obligándolo a repasar el río Uruguay, a fin de reorganizarse.

Cuando Curado se enteró de estos sucesos, decidió atacar a Berdún, destacando al brigadier Juan de Dios Mena Barreto (I) el día 13 de octubre de 1816. Después de 5 días de marcha se enteró de la posición de Berdún, que avanzaba hacia al Norte con un ejército de 700 hombres, procurando proteger a Andresito y a Sotelo. Luego de haber interceptado a Berdún, Mena Barreto esperó un día más y el 19 de octubre se lanzó sobre él derrotándolo, en la Batalla de Ibirocahy después de una sangrienta lucha.

Derrotados todos los tenientes de Artigas, solo quedaba la columna de Artigas, a la que procuró atacar Curado. Para facilitar sus operaciones, los portugueses adelantaron su Cuartel General hasta la costa del río Ibaracohi Grande, con el objetivo de acercarse más a los orientales. Artigas se encontraba acampando cerca de Carumbé, un río afluente del Río Cuareim. Curado encomendó al Brigadier Joaquín de Oliveira Álvarez la misión de atacarlo. En la noche del 24 de octubre Oliveira Álvarez inició su marcha hacia la cuchilla de Santa Ana, chocando contra las tropas de Artigas el día 27 de octubre, en un lugar próximo a las puntas del río Cuareim.[9]

En la Batalla de Carumbé el jefe portugués decidió esperar el ataque artiguista, del otro lado de un pequeño arroyo, formado en batalla, la artillería en el centro de la infantería y la caballería en las alas detrás del centro. El día 27, Artigas se resolvió a cruzar el arroyo, adoptando la formación de “Corralito”; es decir, de “media luna”, con 500 blandengues y negros de infantería en el centro, y la caballería en los extremos; indios charrúas, minuanes y guaycurúes, algo a la retaguardia, a manera de reserva. Pero al atacar Artigas, Oliveira reforzó el ala izquierda y contraatacó, deshaciendo el centro oriental y retirándose, luego de perder 500 hombres, hacia el río Arapey, para reorganizar sus fuerzas.[14]

Tres días después de la Batalla de Carumbé en las Punta del río Arapey, Artigas oficiaba al Gobernador Miguel Barreiro:

“Los enemigos nos han hecho mucho destrozo con su Caballería, que siempre ha roto nuestras alas y la línea de infantería por ser sencillas; escriba V. á Don Frutos (Fructuoso Rivera) que no experimente el mismo error: Que ponga buenos Oficiales y gente de Caballería; y la Infantería que no pelee en ala sino que presente batalla bien reforzada”.[9]

Con esta derrota de Corumbé todas las columnas invasoras de Artigas habían sido vencidas en el breve periodo de 36 días, por un enemigo capaz, que por la rapidez y energía de sus operaciones, había cumplido exitosamente la misión que se había confiado, de desbaratar el plan ofensivo de Artigas, que lo conocían y se adelantaron a su ejecución, impidiendo así la reunión de sus fuerzas y el éxito de un plan tan inteligentemente concebido.[25]

[editar] La misión Durán-Giró

Mientras tanto el gobierno montevideano, a través de Miguel Barreiro, se comunicó con Juan Martín de Pueyrredón en procura de apoyo. Debe recordarse que, más allá de las gravísimas diferencias entre el artiguismo y la política centralista y unitaria seguida por las sucesivas administraciones de Buenos Aires, la Provincia Oriental seguía formando parte del país, denominado Provincias Unidas del Río de la Plata.
Pueyrredón respondió que se proponía enviar inmediatamente a Montevideo 600 fusiles, 500 sables, 4 cañones y 200.000 cartuchos, lo que era una ayuda considerable. Pero condicionó la entrega de este material, y toda su actitud posterior ante la invasión, al reconocimiento, por parte de los orientales, de su autoridad como director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata y de la legitimidad y representación del Congreso de Tucumán, al cual la Provincia Oriental debía comprometerse a enviar sus diputados. Esto equivalía, sin lugar a dudas, a renunciar a la lucha por el federalismo autonómico. Barreiro encomendó entonces a Juan José Durán y Juan Francisco Giró como delegados con poderes para poder llegar a un acuerdo entre las dos partes. Pueyrredón recibió a los comisionados orientales con grandes honras, y los reunió con una junta extraordinaria consultiva integrada por las principales autoridades del Estado. Luego de ser escuchados los dos diputados orientales, que dieron un panorama de la situación que se vivía, el director supremo propuso la declaración de guerra a Portugal si los invasores no se retiraban inmediatamente. La junta rechazó esta proposición y resolvió en cambio el envío a Río de Janeiro de un representante que exigiera el reconocimiento de la independencia de las Provincias Unidas y pidiera explicaciones por la incursión invasora a la Banda Oriental. Pueyrredón entonces, en una actitud casi dramática, se puso de pie y protestó enfáticamente contra esa decisión, a la que atribuyó de cobardía y pusilanimidad, y afirmó que si no se declaraba la guerra como decisión personal era sólo porque no tenía atribuciones para hacerlo. Pidió que su protesta y sus ácidas palabras constaran textualmente en el acta.[13]

Durán y Giró, apremiados por la situación dramática que se vivía en la Provincia Oriental, aceptaron las condiciones de Pueyrredón y firmaron, el 8 de diciembre de 1816, un acuerdo por el cual los orientales reconocían autoridad del Congreso de Tucumán – al que se enviarían diputados – y del director supremo, y éste se comprometía a enviar toda clase de auxilios para la resistencia. El gobierno porteño comunicó de inmediato a las demás provincias los términos del convenio, y difundió el texto por todos los medios posibles. Los delegados orientales enviaron inmediatamente lo convenido a Montevideo, y tanto Barreiro como el Cabildo, sin duda adivinando la reacción de Artigas, manifestaron su oposición al texto. Y no se equivocaban; el caudillo, enterado de la gestión, envió una furibunda carta a los delegados, que contiene una de sus frases más difundidas y alabadas:

Por precisos que fuesen (…) los poderes que VV.SS. revestían en su diputación, nunca debieron creerse bastantes a sellar los intereses de tantos pueblos sin su expreso consentimiento. Yo mismo no bastaría a realizarlos sin este requisito. ¿Y VV.SS., con mano serena, han firmado el acta publicada por este gobierno el 8 del presente? Es preciso o suponer a VV.SS. extranjeros a la historia de nuestros sucesos, o creerlos menos interesados en conservar lo sagrado de nuestros derechos, para suscribir unos pactos que envilecen el merito de nuestra justicia y cubren de ignominia la sangre de nuestros defensores. El jefe de los orientales ha manifestado en todo el tiempo que ama demasiado a su Patria para sacrificar el rico patrimonio de los orientales al bajo precio de la necesidad.[13]

La opinión del caudillo fue determinante, y el convenio con Buenos Aires quedó sin efecto, pese a que el Cabildo de Montevideo intentó salvar algo a través de una nueva misión encargada a Tomás García de Zúñiga. Pueyrredón manifestó entonces que no enviaría el prometido auxilio; pese a lo cual mandó por Colonia del Sacramento 300 fusiles, 30.000 cartuchos de guerra y otros pertrechos de guerra. Y contraatacó proponiendo a Artigas un acuerdo mínimo: paz, comercio libre, devolución de prisioneros y envío de diputados con plenos poderes para ajustar “un tratado firme y estable”.[13] Proponía también que Artigas renunciase a la autoridad sobre Santa Fe, provincia que interesaba particularmente al gobierno centralista porque poseía buenos puertos fluviales. Por esas mismas fechas el director escribía al Cabildo de Montevideo:

¿Será posible que haya podido preferirse la perdida de esta plaza interesante (Montevideo) y de su hermoso territorio en manos de un extranjero […] antes que adop